El Informe PISA y la lectura (Con saludo cariñoso al Supremo)

Cada vez que llega el informe PISA todo el mundo cree que pasó algo repentino y todo el mundo cree que hay que hacer algo ya.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

El informe PISA es como el polen en primavera. Da alergia, la gente estornuda. Si hay algo lento donde nunca ocurre nada de golpe, es la educación. Su efecto en la vida de los sujetos se produce por una lluvia fina de pequeños aciertos o descuidos repartidos en la acción de muchas horas de muchos profesores y diseminados en muchos años. Es parte de su infortunio. La educación no cabe en períodos políticos. Tampoco cabe en ciclos comerciales. Uno sale con el menisco arreglado de una operación, gana un juicio o disfrutó de una paella, y todo ocurre ya, ve a simple vista el beneficio recibido. Pero el efecto de la enseñanza es demasiado diferido en el tiempo, demasiado colectivo y basado en aciertos demasiado pequeños de uno en uno como para que quepa en la impaciente relación de oferta y demanda. El 31 de diciembre de 2025 Morgan Walsh pescó en Irlanda una lubina de 11 kilos. Lo sé porque algo así se publica. No sé quién ni cuándo habrá pescado el mayor número de lubinas en una sola sesión de pesca, porque eso no importa a nadie. En la pesca, como en la educación, lo mucho y pequeño no relumbra. La educación va en onda larga.

Pero cada vez que llega el informe PISA todo el mundo cree que pasó algo repentino y todo el mundo cree que hay que hacer algo ya. No todo es culpa del informe. Es malo no hacer nada, pero es peor hacer cualquier cosa. PISA no tiene la culpa de que con cada informe suyo se acentúe la mala práctica de hacer cualquier cosa, de caer en un activismo nervioso, de corto plazo y desnortado. Con el informe de estos días la prensa dice que hay un «desmoronamiento» de nuestra educación. Se oyen voces perorando que los chicos no entienden textos largos porque quizá nos pasamos con las pantallas y la tecnología en las aulas. Hala, rápido, quitemos pantallas. En ciencia, hay conjuntos cuyo estado es determinado por variables controladas. Subes el fuego y el agua hierve, aprietas el acelerador y el coche corre más. Otras veces las variables son muchas y no hay variable manipulable que lleve al conjunto al estado deseado. Cuando hacemos un reset con el ordenador, es porque no vemos ninguna variable controlable para estabilizar la máquina. Si lo que nos pasa con nuestro cuñado o nuestra nuera es que no tenemos buena «química», lo que ocurre es que no hay ningún factor particular responsable del desagrado. Si fuera que olemos mal, la variable sería controlada: una buena ducha y a comer perdices con nuestra nuera. Pero la mala «química» sugiere un esfuerzo más paciente con muchos detalles sin efecto aparente de uno en uno. Es el tipo de acción que requiere la enseñanza. La mala comprensión lectora, ese pariente del analfabetismo, no viene de una sola causa ni es efecto inmediato de nada en particular. No todo está en la escuela. Precisamente, una de las debilidades del informe PISA es que sugiere una correlación entre competencias alcanzadas y eficiencia del sistema educativo, cuando inciden otros factores ajenos a ese sistema. Igual que un sistema sanitario eficiente no asegura una buena salud, si la población lleva la mala vida de la pobreza y bebe agua sin tratar, hay elementos vitales y ambientales que afectan al nivel de formación, sin que ese nivel indique fortalezas o debilidades del sistema educativo.

Peter Thiel.

Zuckerberg a la vez sintetizó y dio la consigna de los tiempos: muévete rápido y rompe cosas. Lo que quería decir es que es más importante hacer las cosas rápido que hacerlas bien, que los ingenieros no retrasen los proyectos poniéndose estupendos con la calidad técnica. Existes si vas lo bastante rápido. A Peter Thiel la democracia le parece un estorbo porque enlentece el «desarrollo». La frase de Zuckerberg era demasiado expresiva para que no escapara a su control y la invocara Thiel para pontificar que hay que romper instituciones, normas e inercias, como los servicios públicos (hay que decir que Thiel, además de nazi, es idiota). Zuckerberg acabó cambiando su frase: muévete rápido con infraestructura estable. La cuestión es que esto es lo que está en el ambiente: todo lo que te detenga te evapora, lo que leas que sea en 256 caracteres, el canon es decir alguna estridencia simplona en redes, tener seguidores y ganar dinero con la publicidad de la red. El algoritmo ya se encargará de que tenga foco lo que provoque reacción, enfrentamiento e indignación. Y todo con posts cortos y rapiditos. Es el canon, el modelo a partir del cual se generan las frustraciones.

Las pantallas pueden perjudicar, más unas que otras y más en un tipo de textos que en otros. La lectura en dispositivos muy conectados enseguida se hace sincopada y con interrupciones, porque el dispositivo no deja de ofrecer distracciones. El sujeto suele leer más rápido y tener una conciencia más baja de lo que entendió. Es notable que leyendo en papel nos damos cuenta de no entender ni jota y leyendo en pantalla detectamos peor algo tan palmario. Los estudios sugieren que en pantalla la lectura, si te da algo, es el sentido general y se evaporan los detalles (la textura; «el sentido de la naturaleza está en el conjunto, su belleza está en los detalles», decía Gould). Parece que la pantalla tiende a ser inocua en los textos narrativos y que fragmenta la lectura en los textos expositivos. Mi experiencia es que las narraciones son centrípetas, la lectura de una novela te aísla y te concentra en ella, mientras que los tratados científicos o técnicos son centrífugos, te expulsan del texto continuamente. Antes se leía un libro técnico rodeado de fichas y fotocopias a las que se iba cada poco. Ahora se hace lo mismo con movimientos de ratón. Lo importante es que, incluso en el quehacer académico serio, todo va más rápido, se consulta el diccionario cambiando la ventana, se está en tres cosas a la vez, la IA te prepara informes mientras escribes, todas las fuentes son inmediatas. La lectura, en cambio, es demorada, suministra caldo gordo que espesa la atención, el entendimiento y el tacto de la belleza. Es un ejercicio que en estos tiempos nos protege del nerviosismo y chisporroteo que induce la tecnología. La lectura va a contracorriente del mundo que el consumo y los medios tejen alrededor de adolescentes y no adolescentes. La lectura cruje con el ambiente como un barco agrietando un iceberg. Las consecuencias de la falta de comprensión de textos extensos son, lógicamente, inquietantes. Afectan a capacidades que no se pueden adquirir sin entrar en las disciplinas por la puerta natural de la lectura y el estudio. Y dejan a los sujetos en una ingrata indefensión ante los chisporroteos embrutecedores de redes y bocazas. Tomen nota de lo importantes que son esas cosas tan inútiles. Hablamos de narraciones, de literatura.

En EEUU las tecnológicas ya se afanan en convencer de que no hay nada malo en que los niños simplemente encarguen a la IA cualquier redacción. Cuando sean mayores, en cualquier empresa la IA redactará mejor que ellos, no será necesario tener esa destreza. La escritura saca provecho de otro artificio. Que las palabras queden fijadas en el escrito da una prótesis artificial y poderosa a la memoria. Escribir ejercicios largos, obliga a una planificación, un desarrollo de la memoria de trabajo, un control reflexivo y una apropiación de ideas y argumentos que afectará al rendimiento general, además de disparar la comprensión lectora. Sin embargo, empieza a haber debate sobre la utilidad de escribir. Hay experimentos que demuestran lo obvio, que el cerebro tiene mucha más actividad escribiendo que dando instrucciones a la IA para que redacte ella. Los coches son más rápidos que nosotros, pero si amorcillamos a los niños en el sedentarismo porque no necesitarán correr, criaremos seres entumecidos. El embotamiento cerebral no produce obesos, produce idiotas. No hay que desmayarse por el informe PISA, y sus sesgos y errores. La comprensión lectora es efecto de muchos factores, irrelevantes de uno en uno, un estado definido por variables incontroladas. Y no nos obsesionemos con los jóvenes. ¿No está diciendo el Supremo que dos millones de individuos son españoles, pero que no pueden votar para que no cambiar el resultado de lo que desean los españoles? ¿Qué leerá esa gente?

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