“No te bebas todo el batido de tu vecino.” El derrumbe aparente

Cambian las fuerzas económicas y aparecen vulnerabilidades que rápidamente se sienten como amenazas.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

El novelista y ensayista Stephen Marche se despacha a gusto: “Como actor geopolítico, Estados Unidos se ha convertido en una especie de zombi torpe: una bestia a la que se puede sobresaltar y llevar a acciones reflejas, pero que carece de funciones superiores”. Es fácil concretar esa figura zombi sin funciones superiores en una persona, más que en un mapa. La sensación es que EE.UU. está roto. Las instituciones, algunas, funcionan. Está el caso señero de Nueva York. Pero todo lo que sigue funcionando en EE.UU. recuerda a los caballos del Grand National, cuando se cae el jinete y ellos siguen corriendo solos sin nadie a las riendas. El inolvidable Gila empezaba uno de sus monólogos al teléfono: “¿Son los Estados Unidos? Que se ponga el encargao”. Marche dice que ya no hay encargado.

El mundial de fútbol enseña algunas vetas de lo que ocurre en el mundo y lo que nos ocurre internamente. Seguramente ganará alguno de los equipos favoritos. Pero vimos ya varios de los grandes eliminados y todos los favoritos con el agua al cuello. Varias selecciones tradicionalmente inexistentes se suben a las barbas de las selecciones dominantes. Salvo en el adorable caso de Cabo Verde, se ve la explicación en las alineaciones. Resulta que muchas de esas selecciones inexistentes tienen jugadores que juegan en las divisiones de honor de las potentes y adineradas ligas europeas. Europa domina el fútbol y tiene un radar infinito para traer y formar a cualquier alevín del planeta que apunte a fenómeno. Así que los mejores jugadores del mundo están aquí haciéndose mucho mejores en la adinerada y engrasada máquina de las ligas europeas. Y así fortalecen a sus selecciones nacionales, que ya se suben a las barbas de las selecciones de las grandes ligas. Si tuviéramos la avería de las funciones superiores que tiene Trump, estaríamos diciendo que Marruecos y demás, se aprovechan de nosotros, usan nuestras ligas para luego subírsenos a la chepa en el mundial.

Todo el mundo afianza aliados, pero todo el mundo se arma

No hace tanto tiempo que los chinos iban en bicicleta. Antes de la Segunda Guerra Mundial, los países industrializados eran Japón, EE.UU. y algunos europeos. Ahora China domina la tecnología más futurista y tiene la llave de los materiales estratégicos, el noventa por ciento de los semiconductores y circuitos integrados se hacen en Taiwán, y EE.UU. siente amenazada su economía por los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), las grandes economías emergentes. Pasa como con el fútbol y, con sus funciones superiores dañadas, Trump dice que todo el mundo se aprovechó de EE.UU. El efecto de extender mercados para hacerse más ricos es que los demás también se desarrollan. Trump desquició un proceso que de todas formas iba a suceder. Cambian las fuerzas económicas y aparecen vulnerabilidades que rápidamente se sienten como amenazas. Los cuellos de botella del sistema (estrechos geográficos, materiales que hay en muy pocos sitios, componentes que solo se fabrican en un sitio) de golpe palpitan y se inflaman como los invisibles átomos del aire de Bécquer. Todo el mundo afianza aliados, pero todo el mundo se arma. Suecia teme a Rusia y cree que España debería armarse más por esa empatía que le faltó a Suecia con el sur en el derrumbe de la pandemia. España cierra tratos para que China fabrique aquí coches eléctricos que golpearán a la industria alemana de automoción, y Alemania dispara su industria de armamento, con dudas sobre si ser más cabeza de la UE o menos UE e ir a la suya. El mundo se fragmenta. La vulnerabilidad favorece la fragmentación. O eso parece.

Y las naciones por dentro también. Las oligarquías no quieren tanta cohesión social. Quieren que la nación sean ellos acaparando la riqueza nacional, sus cortesanos y que la gran mayoría sea población superviviente a granel. Milei, Thiel, Elon Musk o Trump son caricaturas de diferentes aspectos de ese orden pretendido. La libertad es que no haya estado y manden las bandas que ya mandan, pero que manden más. El vecino que quiere protección para su enfermedad o escuela para su hijo es uno de esos parásitos vividores por los que no hay recursos ni atención para ti. Vulnerabilidad para todos, fragmentación y estado de crueldad. Ni Trump ni las ultraderechas lacayas de las oligarquías respetan ese principio propuesto por Friedman, basado en la escena cumbre de Pozos de ambición: no te bebas todo el batido de tu vecino, no podrás controlar el resultado.

Así que Marche sugiere que el mundo no se está cayendo, sino reordenándose. Lo malo de que Trump haya querido beberse todo el batido de su vecino es que resaltó, dice, un principio del ajedrez: la amenaza es más fuerte que su ejecución. La amenaza de Trump fue apocalíptica. Los más tontos (Rutte, Meloni) hicieron como los lacayos humanos de los vampiros de Blade: cuando ganen los vampiros, prefiero ser su mascota antes que su comida. Los peores ladridos se los llevó Canadá. El efecto fue que Canadá hizo cuentas del daño económico en el peor supuesto, tejió otras alianzas, su actividad comercial creció y Carney se reforzó. Trump soltó su bramido sobre Groenlandia. La UE jugueteó con la llave de la llamada bazuca comercial, un potente protocolo comercial anticoerción, y Trump se replegó. De repente Canadá sabe que la ejecución es mucho menor que la amenaza y la UE descubre que no tiene el estrecho de Ormuz, pero tiene la bazuca comercial. Marche menciona el caso de España y Sánchez. Si hace no tanto, vemos a España mencionada en The New York Times porque el presidente de EE.UU. anuncia que suspenderá todo comercio con ella, aquí se caen las bolsas, los ánimos y hasta los pájaros. Ahora no se inmutó nadie y Sánchez mimetizó bien a la población con esa actitud de ya sabemos cómo es este tío, ni caso. Irán descubrió que es más fuerte de lo que creía. Las monarquías del Golfo supieron que EE.UU. es un zombi que puede provocar que sus cielos se llenen de drones y que no puede protegerlos. Europa gasta más en armamento, pero más por comprobar los límites de EE.UU. que por temor a los bramidos del zombi. Queriendo beberse todo el batido del vecino, Trump provocó que muchos vivieran lo que Huston puso en boca de Curtin, en El tesoro de Sierra Madre: “¿Sabes? Lo peor no es tan malo cuando por fin ocurre”. Es otra manera de decir que la ejecución es más débil que la amenaza. El mundo se reordena.

Una mujer iraní sostiene un retrato de Ali Jamenei.

En los países avanzan la ultraderecha, la crueldad y la fragmentación social. También quieren beberse todo el batido. A pequeña escala, Peinado (zombi sin facultades superiores) y su compinche Antonio Viejo (otro que tal, impidiendo a la UCO investigar al novio y delincuente confeso de España, mientras hace un batiburrillo de balbuceos pseudojurídicos contra Begoña Gómez) están fortaleciendo a Sánchez. Que se deslicen en fallos judiciales sobre altas instituciones del Estado expresiones como “usted o alguien de su entorno”, o no puede salir de España porque “no sería el primer Presidente en fugarse”, gritan que la justicia es una terminal de la derecha más cerril. El descrédito de la justicia es un hecho (a las pruebas me remito, como diría monseñor) y eso es materia prima electoral para Sánchez. Quieren ir a por el aborto haciendo que un feto pueda ser socio del Sporting y quieren quitarnos el derecho a no trabajar enfermos. Un cáncer, dicen, esto de las enfermedades. Quieren todo el batido. Baja la asistencia sanitaria de tanto inmigrante que hay aquí, dicen los lacayos ultras y Felipe González. La mayoría de los inmigrantes cotizan y el problema es la financiación, es decir, los impuestos, es decir, la evasión fiscal. Ese es el cáncer. Y de ese no hablará González. Tampoco, espero, del absentismo. Estuvo 5 años en Fenosa a 126000 € por año, sin horario conocido (era “consejero independiente”) y aburriéndose como una ostra, según dijo. Si sabrá él lo del absentismo laboral. La cosa es que se les está yendo la mano, tienen demasiados zombis sin funciones superiores bramando desmesuras, se les ven las ansias de romper derechos y convivencia y pueden llevar a la población a ese punto de serenidad y firmeza que se alcanza al ver que lo peor no es tan malo cuando ocurre.

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