Decía García Márquez que a veces el pan sabe a rincón y el café sabe a ventana, y que una vendedora de víveres colombiana apartó un potingue de toronjil porque le supo a Viernes Santo. En estas fechas los datos de Oxfam Internacional sobre el dinero que nos roban los ricos dejan la injusticia social, efectivamente, con regusto a Viernes Santo. Sin ser prejuicioso, pero sin chuparnos el dedo, sabemos que mucho de ese dinero de los muy ricos se obtuvo abusando. Y, tras obtener su bienhabido o malhabido dinero, los muy ricos nos roban y Oxfam nos dice cuánto. Hasta una carpa de organizaciones tan noble como Oxfam entiende el valor táctico de las palabras. Fue desplazando el énfasis de la lucha contra la pobreza hacia la lucha contra la desigualdad. Las palabras se refieren a las cosas a través de un cerebro que las vincula y, cuando una palabra pincha el cerebro, no solo se activa la cosa referida, sino una red de cosas asociadas y de experiencias emocionales. La pobreza se asocia con el infortunio que padecen algunas personas, como otras padecen enfermedades dolorosas. El espacio emocional de esa palabra incita a la acción humanitaria altruista. Y nada de eso debe desaparecer de ninguna mención que se haga de la pobreza. Pero falta algo. La palabra desigualdad ya activa la idea de una injusticia en el reparto, de un sistema injusto que da lugar a que haya pobres. La pobreza es el resultado de la desigualdad, de una injusticia impuesta a sangre y fuego por quienes ganan con ella. Esto ya no solo incita a la compasión y el altruismo. Incita a la lucha y al enfrentamiento. Bien por Oxfam.
La pulsión de la globalización y la de la desglobalización se relacionan como las dos fases de un latido. A finales de los noventa empezó un proceso de globalización asociado a la voracidad neoliberal que quería una actividad empresarial por encima de estados, leyes y derechos. ¿Recuerdan el TTIP, aquel tratado de libre comercio trasatlántico? Por decir un detalle, un fondo de inversión que abriera escuelas privadas podría denunciar al Estado español porque la enseñanza pública sería una competencia desleal, al competir con fondos públicos. Lo bueno es que la denuncia la resolvería un arbitraje privado internacional, ajeno a nuestras leyes, mientras nuestras autoridades esperarían comiendo palomitas a ver qué pasa con nuestras escuelas. Aquello se vino abajo, pero no por las movilizaciones. Se vino abajo por el primer Trump, que ya era el segundo Trump en capullo. No quería que el TTIP mangonease su país. En realidad, no quería reglas internacionales de ningún tipo, como se ve. Pasamos a la fase desglobalista. Ahora Trump quiere imperialismo y dictadura (siempre las palabras, qué leches es eso de sistema iliberal) cimentada en las dos emociones que hacen más compulsiva y fuera de razón a la conducta colectiva: nación y religión. Quieren un catolicismo americano, incluso ajeno a Roma. Quieren que la iglesia predique que el egoísmo despiadado en beneficio de los propios es amor por los propios, y que ese sea el amor de Cristo. El despojo imperialista como acto de amor, es una manera de verlo. Borges llamó curiosa variación de filántropo a la petición de Bartolomé de las Casas a Carlos V de que liberara a los pobres indios, que se extenuaban en las minas antillanas, trayendo negros que se extenuaran en las minas antillanas. Formas de ver las cosas.
El caso es que el Vaticano dice que el amor de Cristo es universal, no hay amor de Cristo que diferencie a los propios de los extraños. Volvemos a la pulsión globalista, esta vez virtuosa: los derechos humanos son universales. Por eso el informe de Oxfam sabe a Viernes Santo. En estas fechas parece que, por fe religiosa o por contagio, la vista se nos va a lo global. O a lo mejor es que lo local es lo global en maqueta.
El informe de Oxfam dice que, si ponemos en una cesta el dinero que el 0,1% más rico del planeta oculta en paraísos fiscales para evadir impuestos (es decir, para robarnos), esa cesta es mayor que el PIB de Francia; es el doble de lo que tendría una cesta con el PIB de los 44 países más pobres; es más de lo que tendría la cesta con el dinero de los 4.100 millones de personas que son la mitad más pobre del total de pobres. Y es solo el dinero que esconden.
Este es el infierno fiscal. Los derechos son caros. Expresar un derecho es garantizar una actuación para que ocurra algo que no ocurriría en el curso normal de las cosas. En el curso espontáneo de las cosas, una persona que no trabaje por estar enferma no cobra. El derecho a la baja laboral es una gestión de recursos garantizada para que siga cobrando estando enferma. Como los derechos son actuaciones, necesitan personas que actúen (médicos, profesores, jueces, celadores, bedeles, …) en espacios de actividad que llamamos servicios públicos. Los derechos cuestan más que los privilegios porque son universales. La sanidad es más cara si se gestiona como un derecho que si se gestiona como un privilegio. Hay impuestos porque tenemos derechos, porque la sociedad es un enjambre donde nos protegemos. Una sociedad sin impuestos es una sociedad sin derechos. Quien promete bajar los impuestos te quiere quitar el médico y que te batas con el lucro de algún fondo privado. La influencer descerebrada que susurraba que no pagáramos impuestos lo que susurraba era si los viejos son viejos que se jodan y que no me pringuen con sus putas pensiones, que si tienes cáncer y no tienes dinero así es la vida, que los ricos tienen jardines y el que no sabe ser rico que no dé la plasta con que quiere parques y que quién demonios va a leer todos esos libros de las bibliotecas públicas. El paraíso fiscal es tener esas cosas y el infierno fiscal es la ausencia de protección, de bienestar y de derechos básicos.
Los impuestos son la herramienta de la igualdad, allí donde la igualdad debe ser absoluta (igualdad de género, igualdad de oportunidades, atención sanitaria, acceso a la educación, …) y allí donde la igualdad ha de consistir en una redistribución relativa de la riqueza. No se trata de que todo el mundo cobre igual, pero sí que parte de la fortuna de unos pocos sea para el bienestar y los derechos de todos. El informe de Oxfam indica la quiebra de los derechos de la mayoría, una quiebra con sabor a Viernes Santo, global. Los ricos nos roban.
La reacción a estos datos y al deterioro que vemos de los servicios públicos no debe ser la melancolía. La desigualdad consiste en que la mayoría viva cada vez peor. La pobreza es el límite. Los derechos se consiguieron con lucha, no con tristeza y suspiros lánguidos. Pedro Sánchez está siendo eficaz. La economía está bien gestionada porque se gestionaron bien las circunstancias que favorecen a España. Debe valorarse el efecto de la firmeza ante Trump, aunque aún no sepamos las consecuencias finales. Pero en España, con todo yendo bien, la desigualdad crece, es decir, la mayoría cada vez vive peor y los servicios públicos se debilitan y, por tanto, nuestros derechos languidecen. Es el sistema el que crea la desigualdad, incluso cuando está bien gestionado. La melancolía consiste en creer que no se puede evitar el monumental robo de la evasión fiscal. ¿Acaso no hay una compleja actuación exterior para evitar la inmigración incontrolable desde África? ¿No hay complicados acuerdos y actuaciones contra el terrorismo o el narcotráfico? Por supuesto que se puede actuar contra el complejo tejido de la evasión fiscal. Es imposible hacer lo que no se hace. No imagino a Sánchez ni a la socialdemocracia peleando contra los muy ricos y sus grandes empresas para desplegar una actuación interior ni exterior contra ese expolio colectivo. Sin impuestos no hay derechos, sin lucha contra la evasión fiscal no hay impuestos y sin izquierda alternativa no hay lucha contra la evasión fiscal. Y si la izquierda alternativa tiene que apurar hasta el último día para juntarse en una candidatura, es que no están hablando de nada de esto ni de nada que importe. Y cuidado con ofrecer a la izquierda elegir entre una socialdemocracia que frena al fascismo, pero no hace lo principal, y una izquierda alternativa que no hace nada ni dice nada que importe.



























